Fuera de la ley

Todo lo hago fatal, soy un desastre, y mira que me jode hablar así; pero es la verdad y no me engaño. ¿Qué sentido tendría mentirme a mí? Ya no soy como ayer, ya no me quiero y mis chistes no me hacen reír…». King Putreak.

La autocrítica parte de la sincera asunción de un diagnostico realizado a, por y para uno mismo y debería servirnos para detectar tendencias erróneas, tomas de decisiones incorrectas, actuaciones injustas etc. Y poder así rectificarlas. En su simplicidad radica lo complicado del asunto.
Raro es el caso en el que un sujeto detecta en sí mismo un error antes de que alguien se lo reproche. Es ahí donde se complica el tema. El rechazo del prójimo a nuestros actos repercute de forma importante en el análisis que nosotros podamos hacer a posteriori de ellos, y si no es la primera vez que se nos llama la atención por ese mismo acto, su influencia es aún mayor. Se multiplica.
De ahí que lo que llamamos autocrítica pocas veces lo sea y terminemos convenciéndonos de que lo que de mí no le gusta a fulanito está, simplemente, mal. Llegados a esta situación y si se diera el caso en el que intentáramos poner remedio al problema, ¿estaríamos reparando lo que no es de nuestro agrado o intentando agradar a otro?
Yo vivía fuera de la ley, en arrabales de una vida limitada. Cantaba lo que nadie decía, rimaba lo que nadie quería escuchar, detestaba a los ídolos de quien me aplaudía, me reía de quien todos lo hacían a escondidas, saltaba de donde nadie lo haría… Y la guillotina de los señores del bien me saltó al cuello cual perro rabioso. Empujado por el miedo caí en la trampa de creer que tanta gente no podía estar equivocada, de que era yo quien se equivocaba. Y paré. Me propuse ser quien ellos querían ver, sin ni siquiera poder, ¡joder!, sin ni siquiera poder recordar el bertso aquel. Pero me lo recordó Amets: «Barkatu ezin ninteke izan/ zuk ikusi nahi duzuna». Pero, idiota yo, lo había intentado. ¿De qué me sirvió? De nada, absolutamente.
Ahora salgo a la calle cuando no enciendo el televisor y encuentro en sus paredes espejos del espejismo que yo intenté ser
. Veo el reflejo de quien agobiado por la verborrea demócrata intenta ser quien nunca fue. El rumbo mayoritario lo empuja a la deriva, carné de socio y que no se diga. Oferta. Todo por nada. Y la jauría de canes que se regocija ante la perspectiva de cincuenta años más de basura parlamentaria, de ninguneo institucional, eso sí, eh, todo legal.
A nadie volveré a decir jamás lo que debe hacer; si acaso, le diría lo que haría yo en su caso. Las cosas sólo suceden una vez -hasta que se repiten-, pero me temo que esto terminará embadurnado de bertsos que giran en torno al arrepentimiento, poesía que habla de lo que pudo ser y frases compuestas sin sentido ni razón.
Ojalá me confunda, ya me ocurrió una vez. Ay, no, fueron dos. Bueno, con esta tres.

NI ESTABAS, NI ESTARAS

El mejor bertsolari del mundo, Nach, ofrece un nuevo álbum, Mejor que el silencio. Tomando como punto de partida uno de sus track’s, Ni estabas ni estarás, para quien se de por aludido no mas, solo eso, oportunista, ni estabas ni estarás.

Dónde estabas tú cuando el dolor se pinto en ocre, cuando los guays de turno nos llamaron mediocres. Donde estabas tú  cuando el futuro era humo de cócteles molotov que marcaban nuestro rumbo, cuando la tortura era rutina que quien no la conoció ni la imagina. Donde estabas tú en aquel dilema, con la pena como estratagema ante problemas en cadena, cuando cientos de poemas calmaban la fiebre de chavales endebles, ahora todos queréis ser los héroes. Donde estabas tu cuando los perros rojigualdos consiguieron que antes de entrar en casa miráramos a los lados, cuando el sonido de algún coche dividía en dos la noche. Donde estabas tu cuando dormir era un regalo, cuando despertar sin que hubieran venido se convertía en milagro. Donde estabas tú cuando parecía imposible lograr hablar de tu a tu con un imperio ininteligible. Donde estabas tu cuando todo olía a podrido, cuando nadie tenia fe en conseguir lo conseguido.

Yo se donde estabas tú: al otro lado. Estabas con ellos, con los asesinos de sueños, ya fuera en tu pupitre, en tu oficina, en la calidez de tu cocina que nunca perdiste. Nunca diste nada. Cada bocanada de aire que tu boca traga provoca hoy en mi una tremenda arcada. Camarada, no hay bien que para el mal no valga. Caiga quien caiga de perdidos al río, si hoy hay lo que ves, es gracias a aquellos putos crios. En aquel dolor, en aquel frío, en aquel temor, aquel vacío, en aquella llama que no se apagaba: Va por quien ofreció su vida a cambio de nada..

Donde estarás tu cuando el futuro se tiña en negro, cuando el presente se presente como un grotesco recuerdo. Donde estarás tu maldito oportunista cuando llegues a la fase siguiente a ser un hipócrita. Donde estarás tu cuando esto falle, no esperes que calle cuando nos crucemos en la calle. Donde estarás tu cuando vuelvan esas sombras, cuando nadie venda los votos que ahora compras. Donde estarás tu cuando vuelva a correr el plomo, cuando la salida que hoy se mendiga no sea visible ni por asomo. Donde estarás tu cuando esto pase, cuando la lucha pueblos-imperios vuelva a ser guerra entre clases. Donde estarás tu cuando la paz en tu boca sea similar a la sensibilidad de las rocas, rotas por las gotas que ahora brotan de este pueblo, quisiera perdonarte pero no puedo, puedo confiar en ti pero no quiero.

Yo se donde estarás tú: Estarás con ellos, con los asesinos de sueños, ya sea en tu pupitre, en tu oficina, en la calidez de tu cocina que nunca perdiste. Nunca diste nada. Cada bocanada de aire que tu boca traga provoca hoy en mi una tremenda arcada. Camarada, no hay mal que para el bien no valga. Caiga quien caiga de perdidos al río, si hoy hay lo que ves, es gracias a aquellos putos crios. En aquel dolor, en aquel frío, en aquel temor, aquel vacío, en aquella llama que se apaga: Va por quien ofreció su vida a cambio de nada.

POR NO CURRAR, LO QUE SEA

Aita eta amak nahiko ninduten/fabrika batian / etorkizuna borrokatzeko/altzairu artian./Bide txidorretik noa/agian nere kaltian/ baina ez dut uste nabilenikan/horren apartian. Xabier Lete lo reconocía públicamente, pese a que para él Txirrita era un desgraciado (falto de gracia de dios, no un pringau) justamente por ser un vago.  ‘Txirrita, gizarajua, alperra zan’, le escuché decir una vez. Parece que no solo él lo fuera. Me supera la obsesión que invade a mentes y dementes, supuestos comunicadores sin apenas don de gentes que confunden ser entretenido con ser un impertinente y harían lo que fuera por salir en la tele. Y lo peor es que muchos, cada vez más, lo consiguen. Yo soy, bueno no, yo no, Silveira es un buen ejemplo. Saciada la sed de ser, plasmada la victoria con una palmada en la espalda, toda persona agraciada con el éxito que suponemos que es ser reconocido en público busca el escalón superior: vivir de lo que a uno le gusta. ¡Como si los halagos se pudieran comer!

Pero la vagancia derivada del ego exagerado, tiene también, como no, su negativo en esta película. Cuanto más desapercibidos pasen, mejor, cuanto menos se les vea, mejor. Apoyados en una esquina intentando verlo todo, apostados tras sus gafas oscuras y casi siempre rodeados por bolsos cruzados que para nada conjuntan con sus ropas de txakurra, para vagos los escoltas. Eso sí que cuesta entenderlo y no lo de querer ser la reencarnación de Txirrita. No sé si demasiado vagos para ser policías o no lo suficientemente inteligentes para no serlo, el caso es que son la raza canina más despreciable que ha pasado por este país. Ahí es nada camarada. Como pedo que no llega a cagada, su frustración que los precede y a la vez les hace de nalga, cuando de críos les preguntaban qué querían ser de mayor, ¿ellos  que responderían? ¿Guardaespaldas?

Tras el fin de estos años de bonanza económica en el sector motivada por la actividad armada de ETA, ahora que su militancia – la de ETA, claro- ha sido enviada al paro, lo último que querrían nuestros amigotes los sicarios es, solo faltaría, acabar como ellos. Tanto luchar por el fin de ETA y ahora mira. Dios ¡que injusta es la vida!

Aún así esta gente, emprendedora que es, no se va a quedar cruzada de brazos mirando como se juega con sus puestos de trabajo. Serviles como ellos solo lo son y en vista de que en Irak o Afganistán tampoco hay mucho curro se muestran ahora dispuestos a ofrecer sus servicios a las mujeres amenazadas de muerte por sus maridos. ¡Es que son más buenos! Sin tener muy claro que vayan a escoltar a las mujeres o a vigilar a sus potenciales asesinos me urge una cuestión: ¿Quién vigila a estos pistoleros? Y ya puestos: ¿Sabemos cuanto cobran por lo que hacen? ¿O debería decir por lo que no hacen? Incluso me atrevería a preguntar lo siguiente: ¿Bo habría sido el enterrador que cobraba por horas quien mató a todas aquellas personas? Dicen que está forrado.

GOIZALDEKO AUSNARRAK

ATAL HONEK NERE INTIMIDADEAN EMATEN DEN EKOIZPEN LITERARIOA HARTUKO DU. EA EZER JARTZERIK DUGUN

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